
Ayer compre el libro de “La Guerra de los Dioses y los Hombres” de Zecharia Sitchin, al principio me resulto interesante, pues creo que postula con fundamento aquellas lagunas que yo siempre pensé que existen en la historia, y que por algún motivo oculto, los estamentos de poder establecidos nunca les intereso divulgar.
Volviendo al hilo del comentario, según avanzaba en su lectura me fue embargando un gran desasosiego que iba desembocando en una rabia interna. Se preguntarán muchos, y hasta yo mismo instantes antes de escribir este post, el porque de dicho sentimiento.
El libro expone de una manera, un poco ardua para el lector que no este acostumbrado a este tipo de literatura seudocientífica, que el ser humano como tal es la creación genética de seres de fuera de este planeta, que se establecieron para colmar sus intereses de abastecimiento de materias primas.
Esta muy bien refutado sus aseveraciones, y personalmente pienso que en el trasfondo del tema hay algo de verdad.
Según vayamos avanzando en su lectura, podemos ver como esos seres (exceptuando que pueden vivir casi de manera indefinida gracias a la regeneración avanzada de sus tejidos biológicos y que carecen de ese afán nuestro por el dinero). No se diferencian en nada de nosotros, al contrario tienen las mismas bajezas y vicios humanos: poder, sexo, guerras, asesinatos... Vemos como existen bandos buenos y malos. Como guerrean entre ellos, confabulan, odian, aman... Y lo más importante y lo que yo creo que me lleno de rabia y desasosiego, como el ser humano como se explica en todas los escritos mitológicos y religiosos que han existido hasta la actualidad. Solo somos una especie de ganado artificial, creado para su utilización y satisfacción, personal.
Ahora después de tantos años, empiezo a comprender a nuestra civilización, al ser humano en general. Independientemente del continente, religión o color. Somos un fiel reflejo suyo.
Posiblemente somos el eslabón perdido que tantos científicos andan buscando.
El porque de como somos. Un rebaño de ovejas, descabezadas, que nos dejamos llevar por las situaciones, o por algunos que con su mayor inteligencia, han sabido como nuestros creadores, crear un sistema donde todos estamos inmersos sin saber porque, y donde la vida humana no tiene ningún valor, solo el valor que puede aportar nuestro trabajo y sudor.
Pero aceptando esta verdad de ser lo que somos. Ahora me siento mucho mejor porque empiezo a vislumbrar solo por encima y vagamente, una gran figura histórica que apareció entre nosotros para liberarnos de ese yugo. No intento hacer una apología a ninguna corriente religiosa, pero esa gran figura es JESUS.
Ahora empiezan a encajarme en la cabeza muchas piezas. Nos regalo una guía para liberarnos de nuestra condición. Que dejáramos de ser un rebaño descarriado. Nos indico el camino de lo importante. Lo que nos hace ser diferentes a esos Dioses (lo siento por ellos, pero a partir de ahora los llamare seres mas adelantados tecnológicamente que nosotros, aunque en lo espiritual empiezo a dudar), podemos decidir en que bando estamos.
Podemos bajo el libre albedrío cambiar el sentido de la vida, y sobre todo el sentido de nuestra existencia que a lo largo de la Historia como simples imitadores hemos copiado al dedillo de esos seres ajenos a nuestro planeta. Nos dio la llave para cambiar. Cambiar todo el sistema, no copiar los grandes defectos de nuestros amos y señores, si no agregar nuestras grandes virtudes.
En definitiva y para que quede clara mi postura, es como si algún ingeniero actual, pudiera dar el habla y la conciencia a algún simio (Recordemos aquella gran película del Planeta de los Simios). Y estos aprendieran de nosotros nuestras bajezas (avaricia, pasión, poder, odio, sexo, destrucción, envidia, mentira...) y nuestras grandezas (arte, bondad, justicia, esperanza, fe, erotismo, amor...) Y nos imitarán en todo, como hacen los niños con sus padres. Y llegado un día apareciera un gran simio y les dijera que pueden ser diferentes a nosotros que tienen la posibilidad de abandonar todo lo malo y quedarse con lo bueno para volver a sus orígenes engrandecidos como una nueva especie.
Ese es el gran mensaje liberador de JESUS. Somos libres, por fin.

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